lunes, 9 de julio de 2007

El fular


La verdad que como alternativa a la mochila está muy bien. El niño va encantado mirando hacia adelante distrayéndose con todas las cosas que ve. Incluso el otro día se durmió en esa postura.

Por cierto que Guillermo mantiene una relación amor-odio con el metro, igual que el otro día no dijo ni pio, las dos últimas veces la experiencia ha sido traumática, nada más llegar el metro a la estación se ha asustado y a las dos estaciones ya estaba llorando, seguiremos rascando...