Piñiscola
Para rematar las vacaciones de veranos nos hemos ido a Peñiscola, que como ya lo conocíamos y nos gustó mucho, decidimos repetir. Guille se lo ha pasado de maravilla en la playa, aunque la verdad lo que más le gustaba era la piscina, que además de que estaba llena de niños y niñas, hacía pie y eso le encanta porque se puede poner a reptar por el fondo como si fuera el cocodrilo Pancho, si al que le gustan los tomates. A Berta, también le ha gustado, o por lo menos ha estado muy tranquila y agustito. Lo de la playa al principio le daba un poco de susto y frio, pero se fue acostumbrando, además se lo pasana de maravilla sentada en la barca que les regalé el abuelo Paco. Claro ella en la braca sobre la arena, y Guillermo sobre el agua, todos unos capitanes pescanovas. Por cierto que otra cosa que hicimos y que le gusto mucho a Guillermo fue dar un paseo en barco por la bahía, incluso el capitán dejó que llevara el timón. Berta no montón y se quedó con mamá porque el mar estaba al picado y lo mismo no le gustaba. Para ir al puerto Papá alquiló una bicicleta con sillín para niño. La verdad es que nos lo pasamos genial, salvo por el casco que a Guille no le convencía, estuvo muy bien. Estoy pensando en comprarme una, ya veremos. Nosotros (mamá y papá) lo hemos pasado muy bien sin nada que hacer más que ir a la playa o a la piscina e incluso echarnos alguna siestita. La nota negativa es que nos hemos traido un souvenir no demasiado agradable: Guillermo se puso malo los dos últimos días antes de venirnos y es que pilló una Herpengina, es decir, algo muy habitual en verano, y en piscinas petada de niños y que se pasan cosas unos a otros. Berta también lo ha pillado. Ahora mismo lo están acabando de pasar, mamá y papá no han sido menos y también lo hemos pillado aunque creo que ya se nos está pasando.
Por cierto que se me olvidaba comentar que el viaje de ida y vuelta en tren fueron muy muy bien, Guillermo se lo pasó de maravilla viendo trenes y a Berta parece que también le gusto porque no protestó nada. Desde luego que a ella le gusta más el tren que el coche, eso seguro. Y además también cogimos en Peñiscola un tren pequeñito de esos turisticos que daba un paseo por la sierra y que a Guillermo y a Berta les encantó. Los trenes son una constante en nuestra familia.