lunes, 25 de junio de 2007

Domingo 24

Domingo 24 de junio. Es mi santo. Nos levantamos pronto para dar un paseo por el rastro y comprar alguna cosilla. Somos bastante reticentes a la hora de meternos con el carro del niño (tiene tres meses) en lugares muy concurridos pero hoy hay un mercado londinense que nos gusta y salimos de casa a las 10 de la mañana con la intención de no encontrarnos mucho lío. Resulta que es el día con uno de los mayores atascos en la zona de La Latina que se recuerda y al final pasa lo inevitable.
De camino a casa (vivimos cerca y vamos andando) nos encontramos taponados por un coche subido en la acera y por la que difícilmente puede pasar una persona de lado y una fila de coches pegados unos a otros en la calle, imposible pasar entre los coches aparcados ni entre los parados, estamos bloqueados. Tiene que ser un hombre minusválido en silla de ruedas el que en la misma situación que nosotros se decida a bajar a la calzada y dando instrucciones a los conductores vaya abriendo paso. Hemos ido detrás de él mientras ordenaba a un coche echar para adelante a otro para atrás, a otro esperar mientras pasábamos nosotros y así hasta que hemos llegado a la acera de la calle donde ya podíamos circular. Le he dado las gracias por la ayuda y le he dicho lo que me parecía toda la situación. Él ya estaba acostumbrado, yo aun estoy en la fase de la indignación, me jode tener que acostumbrarme y no estoy dispuesto a hacerlo, por eso hemos llamado a la Policía Municipal (que como dijo una chica que pasaba por allí "permiten esto y a mi me multan por aparcar en mi barrio") y hemos hecho un rayajo de proa a popa al coche. Y lo haremos todas las veces que sea necesario.

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